El peor analfabeto es el analfabeto político

viernes, noviembre 20, 2009

La lucha de clase y el problema del poder


Por Gladys Marín.

La mentada tesis, tan en boga hoy por hoy, supone un hecho que la historia se ha encargado de derrumbar cuantas veces ha sido necesario: que en las sociedades no hay intereses antagónicos, no hay lucha de clases, no hay conflictos sociales, no hay contradicciones, y por ende no hay necesidad de cambios y rupturas.

Precisamente, la izquierda tiene la amarga experiencia del modelo de socialismo construido en el Este de Europa, que dio por eliminadas las contradicciones. Esa dogmatización se vino al suelo. Los actuales dogmas del consenso social, de los proyectos país, no son otra cosa que una reiteración de ese mismo yerro.

Es falso que el gobierno de la Unidad Popular no contara con una mayoría para llevar adelante los cambios. Los problemas eran otros.

La experiencia de la Unidad Popular demuestra que ella fue conquistando una mayoría nacional, pero que ésta no bastaba si no iba acompañada de otros factores de poder.

La experiencia reciente de Chile es una demostración de la falsedad de los planteamientos del consenso social o nacional… ¿De qué le sirve a la Concertación obtener más del cincuenta por ciento de los votos, llegar a “consensos” nacionales con la derecha, si no tiene la capacidad para ejercer el poder real, y debe conformarse con los arreglos posibles y seguir dentro de las reglas impuestas por la dictadura?

Si bien el 4 de septiembre de 1970 se conquistó la Presidencia de la República, ésta era sólo una parte del poder, pero éste no era el poder real. Se necesitaba de un nuevo Estado, de la democratización profunda del Poder Judicial y del Poder Legislativo, Contraloría, y sus pilares fundamentales, las FF.AA. y los medios de comunicación de masas.

El triunfo de Allende, el camino al poder, se realizó en los marcos del viejo sistema estatal. Se trataba de usar y ampliar ese marco, pero al mismo tiempo resolver el nexo dialéctico de negación, de su transformación democrática para alcanzar la plenitud del poder.

Durante el período 1970-1973 se provocó al interior del Estado una profunda y violenta lucha, producto del enfrentamiento de fuerzas que pugnaban en sentido contradictorio: aquellas que se oponían a las transformaciones revolucionarias, albergadas en determinadas instituciones del Estado, y las fuerzas populares que impulsaban el proceso de democratización radical de las estructuras socio-económicas del país.

Este enfrentamiento de fuerzas al interior del Estado, sólo se podía resolver a favor del movimiento popular con la irrupción de una fuerza nueva: la más profunda, activa participación del pueblo, constituida en poder por sí misma, o sea poder directo, basado en la iniciativa desde abajo, que sobrepasara el marco del viejo Estado. Un poder popular no alternativo al gobierno, sino que combinara su propia actividad estatal en el gobierno, con la directa presión sobre los poderes estatales que se negaban a dar paso a los cambios.

Es cierto que en los tres años de gobierno de Salvador Allende se constituyeron diversas y ricas formas de participación. Sin embargo no se asumió el significado estratégico que tenía para la decisión del conflicto.

El acceso legal al poder, esta demostrado, la Unidad Popular lo hizo. No es un camino inhabilitado para las fuerzas populares. En determinadas circunstancias puede ser el más propicio. Ese no es el problema fundamental.

La esencia de un proceso de cambios profundos se juega no sólo en la capacidad de capturar determinados niveles de poder del Estado, gobierno, parlamento: El movimiento popular debe desarrollar la capacidad de incorporar instituciones nuevas, frescas, a la lucha, instituciones de poder exógenas al Estado, pero que pueden constituirse en formas de poder real.

El problema radicaba en que no teníamos una concepción acabada sobre el tema del poder. Faltó una elaboración más completa respecto de cómo avanzar en la transformación del Estado y la conquista del poder real. Y eso fue decisivo.

Lo mismo podemos señalar en relación a la defensa del gobierno democrático. Ante los embates de la reacción teníamos el derecho y el deber de organizar la defensa del gobierno en todos los terrenos.

Sólo se puede defender lo alcanzado si estamos preparados para ello. En los pronunciamientos de los partidos de la Unidad Popular, hubo muchas frases acerca del compromiso y disposición a defender el gobierno. Algunas, muy encendidas y demagógicas.

La disposición moral en los trabajadores y en la juventud era muy grande. No es casual la defensa que se intentó en diversas industrias y la permanencia de los estudiantes, profesores y funcionarios, ese mismo 11 en la Universidad Técnica del Estado.

Sin embargo ningún partido puso el problema de la defensa seriamente en el centro de las decisiones.

Fragmento de la intervención de Gladys Marín en el Seminario Internacional “A 25 años de la Unidad Popular”, realizado en Santiago de Chile, el 25 de julio de 1995.

miércoles, noviembre 11, 2009

Carta de Bautista Van Schouwen a su madre

Concepción, 15 de Febrero de 1969.

Querida y recordada madre: No sabes la angustia que he sufrido al no poder estar junto a ti, padre y hermanos para la fecha de tu cumpleaños. Recién vengo llegando de un viaje prolongado y cansador, al sur, por motivos políticos.

Bien valgan estas letras para decirte algunas cosas, de las muchas, que siento por ti y que han pasado de largo y calladamente en mi corazón por mucho tiempo y que ojalá, en algo, reemplacen mi ausencia física por allá.

Aislado social, política y sentimentalmente por mis ideas; separado ya de vosotros por unos cuantos largos meses; incomprendido momentáneamente por la mediocridad que me rodea; acosado por el corrompimiento que tratan de inflingirme el cúmulo de relaciones humanas odiosas, presididos bajo los signos de la mezquindad provinciana, la pequeñez individualista, el arribismo y el servilismo despreciable, tan característicos de esta sociedad imbécil y podrida, es que mi soledad sería absoluta de no ser por el recuerdo feliz que me liga a ustedes y la presencia de mi mujer.

No estoy suficientemente seguro que comprendas el cariño y el respeto inmenso que siento por ti y por mi padre; vidas entrañablemente juntas en las buenas, y especialmente en las malas; ejemplo de virtud, sacrificio, intimidad y naturalidad, mezcladas con la ingenuidad que prodiga la felicidad en común y la gran fortaleza para amar y comprender mas allá, y a pesar de las barreras y los mantos inhumanos que nos imponen las reglas del juego de la sociedad burguesa.

Aunque no lo creas, te quiero y te extraño profunda y sinceramente y que te quede bien en claro, no nuevamente por los lazos sanguíneos que me unen a ti - lo que no refleja otra cosa que nuestra condición naturalmente animal, entregada externamente a nosotros por la especie y por lo tanto no suficientemente humana como conquista nuestra- puesto que ello implica, más que amor espontáneo y humano, amor institucionalizado y obligado.

Tú sabes que me autodefino como hombre libre y libertario, o mejor dicho en proceso de liberación permanente y progresiva, e impulsado por ese mismo hecho, a trascender, a exteriorizar hacia los demás mi propio, mi íntimo proceso liberador en un afán por identificarme, de unirme y fundirme como hombre humano al resto de los hombres. Identificación que me surge como una necesidad espiritual, sin la cual, soy un nadie, para nadie, eternamente condenado a la sórdida angustia individual de la soledad.

Porque querida madre, mi tragedia quizás radique en ser lo suficientemente inteligente y capaz - inteligencia de la cual tú eres partícipe generadora - para descubrir y despreciar la falsa apariencia de comunión humana que reina en esta sociedad, y buscar y luchar por otra más profunda, la esencia misma de ella.

Precisamente porque me autodefino como hombre libre, es que rechazo ese amor tradicional, que nace como exigencia social e institucional burguesa, aparentemente "natural" de hijo a madre y de madre a hijo. Por ello es imprescindible que comprendas que mi afecto por ti se desprende, ante todo, de tu ejemplo intachable, prístino y humano que exhibiste de un modo simple y llano durante toda tu vida y, que justamente por ello, logró superar ampliamente la rigidez y la falacia moral en que se desenvuelven las relaciones humanas en el seno de esta sociedad corrompida que tanto detesto.

Aprecio y valoro en ti y, por ello te quiero y admiro, esa capacidad de sacrificio, ese tesón, esa valentía, esa independencia y madurez, ese voluntarismo vital para vencer todo tipo de obstáculos que tanto te caracteriza y que tanta ayuda le ha significado a mi padre; voluntarismo que te define, aunque no lo sepas, como mujer tremendamente humana, puesto que tu respuesta a las dificultades no persigue solamente satisfacciones inmediatas, propio de las bestias, sino objetivos mediatos y en perspectiva, doblegándole la mano a la realidad inmediatista, propio de aquellos o aquellas que se han elevado a la condición de hombres libres y, por tanto, hombres y mujeres esencialmente humanos.

Pero esto no es todo lo que admiro y aprecio en ti. También lo es el hecho, aunque de un modo inconsciente y natural - acaso si por ello tanto más valioso - de que te hayas sustraído al compromiso y al influjo estereotipado de los patrones culturales dominantes de la sociedad vigente en lo que a relaciones humanas se refiere.

En este sentido, aunque no tengas clara conciencia de ello y más allá de lo que tu misma puedes desear, eres tan revolucionaria como yo, porque de hecho has revolucionado las normas clásicas que rigen las relaciones humanas intra familiares.

Generalmente combates mis ideas y las actitudes prácticas que se desprenden de ellas, como lo es, por ejemplo, el que haya abandonado el aspecto institucional de mi carrera. Dicho combate se ha expresado por una oposición muy sentimental ante ese algo extraño, desazonador y quizás, peligroso y poco tangible, que constituye el contenido de mis ideas, antes que por una oposición racional y global frente a ellas. Sin darte cuenta, paradojalmente, que la forma en que orientaste prácticamente tu vida, el desarrollo de mi propia vida junto a la tuya y las relaciones profundamente humanas que se originaron de dicho contacto, han sido en gran parte los basamentos sentimentales sobre los cuales construí mis ideas, o más bien dicho, que hicieron posible mi permeabilidad y susceptibilidad a ellas, y que hoy te parecen tan ajenas y extrañas a ti misma.

Quizás si otra de mis grandes desgracias fue no haberte hecho participar suficientemente de mis creencias; desgracia tanto mayor cuanto que fuiste tu, en gran parte, el motivo y la causa de ellas.

Querida madre, tu me preguntas ¿cómo es que ha sido posible todo esto? La respuesta es muy sencilla. Para ser hombre libre y al mismo tiempo liberador del hombre - y creo serlo en cierta medida - es preciso que previamente se hayan cumplido dos procesos, entrelazados el uno con el otro: haber palpado y haberse impregnado de la libertad de hacer y de pensar en el seno mismo del ambiente social primario e inicial en que uno se desenvuelve, cual es, la familia - y que tanta influencia decisiva deja en la forma de ser del individuo -, o más precisamente, nuestra familia, y de la cual tú y mi padre eran los rectores y orientadores principales. Por otro lado y paralelamente, haber vivido inmerso en la realidad misma de una relación de amor profundo no tradicional ni barato y del cual tu fuiste agente primordial.

Para ser revolucionario y liberador, querida madre, es preciso amar a los hombres por sobre todas las cosas. Cuando fui mayor y tuve que salir al medio social, más allá de los limites de la familia, me encontré con un mundo desgarrado por la división y separación entre los hombres; un mundo tan ajeno a la relación de cariño que aprendí a conocer y a vivir a tu lado. El Che Guevara - aquel hombre cuya muerte tanto te impresionó - decía a propósito de esto: "Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".

Justamente porque he conocido y me he formado al calor de una relación de amor más humana, más verdadera y distinta, es que creo que la relación de amor en el resto de la humanidad - hoy ausente de ella - puede darse y debe darse, aún a costa de todos los sacrificios que ello lleve consigo.

De nada vale que pensemos o digamos algo, por muy bello y verdadero que ello sea. Se es revolucionario, y por ende, se es libre, en la medida que interponemos una práctica revolucionaria, una práctica real - y no abstracta - de la libertad.

Se es libre, si uno está dispuesto a liberarse uno mismo y de los éxitos y tiempos momentáneos que tanto engañan y enceguecen al resto de los hombres. Se es libre si uno está dispuesto a entregarse por entero a un proceso que sea capaz de integrar al hombre a una perspectiva humana, antes que a sus intereses inmediatos.

Estas que son mis ideas, querida madre, y que bien pueden servir como puentes de comprensión mutua, no son sino otra cosa que la racionalización de aquellas experiencias y vivencias sentimentales que se generaron en mi relación humana contigo y con mi padre.

Releyendo nuevamente las pocas cosas que te estoy escribiendo, me he dado cuenta que son exactamente aquellas que hace mucho tiempo quería decirte y que, sin embargo, por una u otra razón, no podía exteriorizar. Esta carta me ha hecho más fácil el camino, incluso más natural y espontáneo.

Lo que te he escrito ha sido para mí un intento de racionalizar, más allá de lo puramente sentimental y naturalmente dado, mi vida junto a ti, lo que se ha desprendido de esa relación y la causa del amor que siento por ti.

Porque justamente he intentado racionalizar este fenómeno tan difícil, es que soy un poco más libre, puesto que comprendo y conozco algo más de mí mismo. Y sin darme cuenta, simplemente como al pasar, has sido nuevamente tú el motivo y el objeto de este poco más de libertad personal que he conseguido.

Al comprenderme un poco más a mí mismo, por el mismo hecho de conquistar más comprensión mutua, es que me he vuelto un poco más humano y más humana nuestra propia relación. Surges tú misma más humana al caso de esta comprensión y, por ende, te tornas para mí en algo más mío, más próxima a mí, o lo que es lo mismo, te he aprendido a querer un poco más.

Querida madre, creo que estás en perfectas condiciones para comprenderme, más allá o más acá de lo que no dicen las palabras y, para que estas letras sirvan de testimonio del cariño y el afecto que siento por ti.

sábado, noviembre 07, 2009

Karl Marx y La Comuna de París

lunes, octubre 12, 2009

Viva la Escuela Moderna

Francisco Ferrer i Guardia

A un siglo de la muerte de Francisco Ferrer i Guardia, un sentido homenaje a este pedagogo libertario fusilado por el gobierno español sólo por educar a los niños de una manera distinta y que el gobierno consideró criminal, pero que Freire, Tolstoi, el mismo Ferrer y tantos otros demostraron con hechos que no era eso. Que era mucho más: que otra educación es posible y necesaria.

Mi situación como profesor de idioma español me puso en contacto con personas de todas clases. Sólo ví gente dispuesta a sacar el mejor partido posible de la vida en sentido individual: unos estudiaban el idioma español para proporcionarse un avance en su profesión, otros para estudiar la literatura española y perfeccionarse en su carrera, algunos hasta para proporcionarse mayor intensidad en sus placeres viajando por los países en que se habla el idioma.

A nadie chocaba el absurdo dominante por la incongruencia que existe entre lo que se cree y lo que se sabe, ni nadie apenas se preocupaba de dar una forma racional y justa a la solidaridad humana, que diera a todos los vivientes en cada generación la participación correspondiente en el patrimonio creado por las generaciones anteriores.

Entre mis alumnos se contaba la señorita Meunier, dama rica, sin familia, muy aficionada a los viajes, que estudiaba el español con la idea de realizar un viaje a España. Católica convencida y observante escrupulosamente nimia, para ella la religión y la moral eran una misma cosa. Odiaba a los revolucionarios, confundía con el mismo inconsciente e irreflexivo sentimiento todas las manifestaciones de la incultura popular, debido entre otras causas de educación y de posición social, a que recordaba rencorosamente que en los tiempos de la Commune había sido insultada por los pilluelos de París yendo a la iglesia en compañía de su mamá.

Exponía siempre sin reserva lo absoluto de su criterio, y muchas veces tuve ocasión de hacerle observar prudentemente sus erróneos juicios. En nuestras frecuentes conversaciones evité dar a mi criterio un calificativo, y no vio en mí el partidario ni el sectario de opuesta creencia, sino un razonador prudente con quien tenía gusto en discutir.

Formó de mí tan excelente juicio que, falta de afectos íntimos por su aislamiento, me otorgó su amistad y absoluta confianza, invitándome a que la acompañara en sus viajes. Acepté la oferta y viajamos por diversos países, y con mi conducta y nuestras conversaciones tuvo un gran desengaño, viéndose obligada a reconocer que no todo irreligioso es un perverso ni todo ateo un criminal empedernido, toda vez que yo, ateo convencido, resultaba una demostración viviente contraria a su preocupación religiosa.

Pensó entonces que mi bondad era excepcional, recordando que se dice que toda excepción confirma la regla; pero ante la continuidad y la lógica de mis razonamientos hubo de rendirse a la evidencia; y si bien respecto de religión le quedaron dudas, convino en que una educación racional y una enseñanza científica salvarían a la infancia del error, darían a los hombres la bondad necesaria y reorganizarían la sociedad en conformidad con la justicia.

Le impresionó extraordinariamente la sencilla consideración de que hubiera podido ser igual a aquellos pilluelos que la insultaron si a su edad se hubiera hallado en las mismas condiciones que ellos. Así como, dado su prejuicio de las ideas innatas, no pudo resolver a su satisfacción este problema que le planteé: Suponiendo unos niños educados fuera de todo contacto religioso, ¿qué tendrían de la divinidad al entrar en la edad de la razón?

Un día, cansado de sólo hablar y no obrar, le dije: "Señorita: hemos llegado a un punto en que es preciso determinarnos a buscar una orientación nueva. El mundo necesita de nosotros, reclama nuestro apoyo, y en conciencia no podemos negárselo. Paréceme que emplear en comodidad y placeres recursos que forman parte del patrimonio universal, y que servirían para fundar una institución útil y reparadora, es cometer una defraudación, y esto, ni en concepto de creyente ni en el de librepensador puede hacerse. Por tanto, anuncio a usted que no puede contar conmigo para los viajes sucesivos. Yo me debo a mis ideas y a la humanidad, y pienso que usted, sobre todo desde que ha reemplazado su antigua fe por un criterio racional, debe sentir igual deber."

Esta decisión le sorprendió, pero reconoció su fuerza, y sin más excitación que su bondad natural y su buen sentido, concedió los recursos necesarios para la creación de una institución de enseñanza racional: la Escuela Moderna, creada ya en mi mente, tuvo asegurada su realización por aquel acto generoso.

Programa


La misión de la Escuela Moderna consiste en hacer que los niños y niñas que se le confíen lleguen a ser personas instruidas, verídicas, justas y libres de todo prejuicio. Para ello, sustituirá el estudio dogmático por el razonado de las ciencias naturales.

Excitará, desarrollará y dirigirá las aptitudes propias de cada alumno, a fin de que con la totalidad del propio valer individual no sólo sea un miembro útil a la sociedad, sino que, como consecuencia, eleve proporcionalmente el valor de la colectividad. Enseñará los verdaderos deberes sociales, de conformidad con la justa máxima: No hay deberes sin derechos; no hay derechos sin deberes.

En vista del buen éxito que la enseñanza mixta obtiene en el extranjero, y, principalmente, para realizar el propósito de la Escuela Moderna, encaminado a preparar una humanidad verdaderamente fraternal, sin categoría de sexos ni clases, se aceptarán niños de ambos sexos desde la edad de cinco años.

Para completar su obra, la Escuela Moderna se abrirá las mañanas de los domingos, consagrando la clase al estudio de los sufrimientos humanos durante el curso general de la historia y al recuerdo de los hombres eminentes en las ciencias, en las artes o en las luchas por el progreso. A estas clases podrán concurrir las familias de los alumnos. Deseando que la labor intelectual de la Escuela Moderna sea fructífera en lo porvenir, además de las condiciones higiénicas que hemos procurado dar al local y sus dependencias, se establece una inspección médica a la entrada del alumno, de cuyas observaciones, si se cree necesario, se dará conocimiento a la familia para los efectos oportunos, y luego otra periódica, al objeto de evitar la propagación de enfermedades contagiosas durante las horas de vida escolar.

Los exámenes clásicos, aquellos que estamos habituados a ver a la terminación del año escolar y a los que nuestros padres tenían en gran predicamento, no dan resultado alguno, y si lo producen es en el orden del mal. Estos actos, que se visten de solemnidades ridículas, parecen ser instituidos solamente para satisfacer el amor propio enfermizo de los padres, la supina vanidad y el interés egoísta de muchos maestros y para causar sendas torturas a los niños antes del examen, y después, las consiguientes enfermedades más o menos prematuras.

Cada padre desea que su hijo se presente en público como uno de los tantos sobresalientes del colegio, haciendo gala de ser un sabio en miniatura. No le importa que para ello su hijo, por espacio de quince días o un mes, sea víctima de exquisitos tormentos. Como se juzga por el exterior, se viene a la consideración que los dichos tormentos no son tales, porque no dejan como señal el más pequeño rasguño ni la más insignificante cicatriz en la piel...

Mientras estudiábamos gramática, cálculo, ciencia y latín, los maestros y nuestros padres no descansaban, como impulsados por acuerdo tácito, procurando persuadirnos que estábamos rodeados de rivales que combatir, de superiores que admirar o de inferiores que despreciar. ¿Con qué objeto trabajamos?, se nos ocurría preguntar alguna vez, y se nos contestaba que ya obtendríamos el beneficio de nuestros esfuerzos o soportaríamos las consecuencias de nuestra torpeza; y todas las excitaciones y todos los actos nos inspiraban la convicción de que si alcanzásemos el primer puesto, si lográsemos ser más que los otros, nuestros padres, parientes y amigos, el profesor mismo, nos daría distinguidas muestras de preferencia.

Como consecuencia lógica, nuestros esfuerzos se dirigían exclusivamente al premio, al éxito. De ese modo no se desarrollaba en nuestro ser moral más que la vanidad y el egoísmo.

Extracto de "La Escuela Moderna".

viernes, octubre 09, 2009

Che Guevara


Se cumple otro aniversario de tu asesinato, Che. Un balazo en la quebrada del Yuro te hace prisionero y luego te ajustician en la Higuera, donde te hicieron eterno. Abandonaste tu cuerpo sobre aquella batea de colegio con tu mirada abierta para acompañarnos siempre.


Mario Terán, el soldado que recibió la orden de asesinarte relata tus últimos momentos:


“Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden. Me fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado. Pero el coronel se puso furioso. Así es que fui. Ése fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: «Usted ha venido a matarme». Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: «¿Qué han dicho los otros?». Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: «¡Eran unos valientes!». Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. «¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!». Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto.”


Ya estabas vivo, luminoso, eterno, hasta siempre, comandante.

Raul Bracho. Venezuela.

lunes, octubre 05, 2009

Mi hijo Miguel Enríquez


Con un grupo de sus compañeros, entre los que estaban Bautista van Schouwen, Luciano Cruz, mi hijo Edgardo, Andrés Pascal, y otros tres o cuatro más que no nombro voluntariamente para no exponer a sus familiares que todavía residen en Chile, formaron un grupo de estudio y trabajo. Leían, estudiaban, discutían horas enteras todas las noches. Analizaban y devoraban todo cuanto había ocurrido o estaba ocurriendo en Cuba. Fue así como formaron el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el MIR, que rápidamente ganó adeptos entre los jóvenes universitarios, pero que, como era de esperar, fue también combatido enérgicamente por otros grupos y partidos políticos. Hubo cientos de asambleas y foros, realizados primero en Concepción y después en otras ciudades de Chile. En ellos, Miguel ganó fama de ser terrible adversario en la polémica, tanto en una discusión seria y profunda sobre política, economía o filosofía, ciencia o historia, como en una en que primara el ingenio, la respuesta rápida, ocurrente, oportuna, divertida, que aplanaba al contrario. Hombres fogueados, parlamentarios de gran experiencia, cometieron ese error, al verse perdidos en un debate razonado en que pretendieron defender la sinrazón de los poderosos. Quisieron salvarse mediante el chiste fácil, la postura en ridículo del adversario; ¡qué mal les fue siempre con Miguel en ese terreno!

Miguel escolar

Una vez, desesperados, los reaccionarios llevaron a una asamblea un centenar de muchachitas, hermosas todas, para que no lo dejaran hablar mediante gritos, consignas, etc. Miguel, en el centro de la sala, las contempló un minutos, dos. Enseguida avanzó hacia donde ellas estaban, y con esa sonrisa contagiosa que iluminaba su hermoso rostro, hizo un ademán de abrazarlas y besarlas a todas. Sorpresas, risas generales. Terminaron aplaudiéndolo a rabiar.
Muy pronto, ya nadie se atrevía a enfrentarle públicamente; sacerdotes, diputados, senadores, profesores universitarios, políticos, eludieron los foros en que Miguel participaba.
Un día llegó a Concepción el senador norteamericano Robert Kennedy. Lo acompañaba numerosa comitiva norteamericana de políticos, periodistas, guardaespaldas, operadores de cámaras de cine y televisión, etc. Se reunió con las autoridades, los intelectuales, los periodistas, los políticos, los delegados estudiantiles chilenos, en una amplísima conferencia. En un momento dado, mientras hablaba un chileno, el senador Kennedy tomó el micrófono de la grabadora e hizo un comentario en inglés que provocó la hilaridad de toda su comitiva. Miguel, que estaba en el fondo de la sala, avanzó resueltamente y en medio de la sorpresa general tomó con decisión el micrófono de manos del senador norteamericano y en perfecto inglés le enrostró su actitud: “Usted, le dijo, ha venido aquí no interesado por nuestros problemas ni a buscarles solución. Usted está trabajando su campaña para la presidencia de Estados Unidos. No le acepto que venga a utilizarnos a nosotros para fines personales suyos. Si quiere chistes y hacer reír, yo también puedo contarle varios que se refieren a Vietnam, o a la explotación de nuestros obreros por capitales y sociedades nacionales y extranjeras. Vamos a Pueblo Hundido, junto a las minas de carbón de Lota, y allí podrán reírse ustedes hasta las lágrimas viendo tanta miseria y abandono”. Robert Kennedy se puso serio, algunos de sus guardaespaldas quisieron avanzar; él los contuvo con un gesto. Cambiando totalmente el tono y el nivel de la reunión, discutieron mano a mano con Miguel, en inglés, sobre diversos problemas nacionales. Entusiasmado y muy cordial lo invitó a visitar Estados Unidos con todos los gastos pagados. Miguel no aceptó y lealmente le recomendó que no fuera a una asamblea que tenía programada con los estudiantes.
Kennedy no siguió su consejo y se debe haber arrepentido de ello, porque allí recibió violenta y bulliciosa contramanifestación estudiantil.

VIAJES Y ESTUDIOS

Miguel Enríquez adolescente

Sin descuidar sus estudios de medicina, pues sabía distribuir su tiempo en forma admirable, viajó por Chile, Perú, China, Checoslovaquia, Cuba, Francia, Hong Kong, etc. Todavía no llegaba a sexto año de medicina, y ya había conversado con los más altos exponentes de la política nacional y muchos líderes internacionales, especialmente cubanos. En Perú, seguido de cerca por la policía, sostuvo larga entrevista con un dirigente que estaba en la clandestinidad, y en China se reunió muchas horas con médicos y líderes obreros y políticos distinguidos.
Cuando fue a Santiago a rendir su examen de médico, ya era conocido como dirigente revolucionario. Tenía 23 años de edad. Debió enfrentar comisiones de examinadores reaccionarios, algunos de los cuales hicieron cuanto les fue posible para perjudicarlo. Podría contarles, por ejemplo, su examen de clínica obstétrica, en el cual el profesor debió aprobarlo con distinción ante todo el auditorio contrario a Miguel, que se había reunido en la sala para ver cómo ese médico reconocidamente derechista despedazaba y postergaba a ese joven y equivocado dirigente rojo. Sin perder la calma ante los gritos e interrupciones del examinador, Miguel lo obligó a confesar que no había asistido al último congreso de obstetricia en que se había debatido extensamente la enfermedad de que padecía la paciente que le habían entregado minutos antes, y terminó recomendándole que adquiriera y leyera la última edición de la obra de un famoso obstetra en la que éste preconizaba el tratamiento propuesto por Miguel y rechazaba, en cambio, con fundadas razones científicas y experimentales, el que estaba proponiendo el examinador. “Señor profesor, terminó Miguel, en el capítulo tal del tratado puede usted encontrar lo que le estoy diciendo. Pero cuide de que sea la última edición, la de hace seis meses, y no la anterior, de hace años, que parece es la que usted posee”. Todo el auditorio aplaudió entusiasmado.
Obtuvo su título de médico recién cumplidos los 24 años. Fue aprobado con distinción máxima. En concurso nacional, ganó una beca en el Instituto de Neurocirugía, del profesor Alfonso Asenjo y Héctor Valladares. Cumplía con brillo las exigencias de su especialización cuando el presidente Frei inició la persecución policiaca al MIR. En junio de 1969 pasó a la clandestinidad y debió, así, abandonar prácticamente la medicina.
Aceptó el sacrificio, pero debo declarar que la última vez que estuve en su casa, poco antes del golpe de septiembre de 1973, me mostró los libros de medicina que había adquirido no hacía mucho “para mantenerme al día”. Aunque agregó que “como están las cosas en el mundo actual, solamente por la vía revolucionaria será posible lograr el bienestar y la liberación de las mayorías. Es a esa labor a la que debo dedicar toda mi atención, y la hago poniendo en ello todo el calor de mi vida”.
Tendría tanto más que contarles de Miguel, ese médico revolucionario e idealista que fue nuestro hijo. Hablarles de su amor a la vida, de sus ansias por alargar y multiplicar las horas para alcanzar a hacer todo lo que él quería. “Un día, no se cuándo, solía decir, voy a caer. Mis huesos quedarán por ahí, tal vez blanqueándose al sol. Mi temor es no haber alcanzado a hacer cuanto he planeado”.

SU SENSIBILIDAD

Quisiera contarles de su preocupación, de su amor por los niños. Cada vez que podía pasaba horas enteras con ellos; los escuchaba, jugaba, contestaba con seriedad sus interminables preguntas, les enseñaba a silbar, a imitar animales. Ellos lo adoraban, se le subían a las rodillas, estaban de fiesta en cuanto él llegaba. Me gustaría hablarles de su dolor ante el sufrimiento de los pobres y desvalidos. La mujer enferma y abandonada, la mujer embarazada, la mujer con un niño en brazos, la que estaba dando a luz, la que pedía limosna para sus hijos, era para Miguel el primer deber de la revolución. Niños y mujeres, enfermos y jóvenes privados de toda posibilidad de estudiar y progresar, merecían para él atención preferencial. “Por ellos luchamos”, me dijo en más de una ocasión. Era, en cambio, implacable con los flojos y remolones, con los patrones que explotaban a sus obreros y empleados, con los profesionales preocupados de hacer dinero, especialmente con los médicos pendientes de comprar el último modelo de automóvil, con los arbitrarios, con los oportunistas -candidatos eternos a mayores facilidades y ventajas-, con los que perdían el tiempo y las posibilidades. Odiaba la injusticia, la crueldad, la torpeza, la ignorancia, la hipocresía política. Con éstos, con los falsos políticos, era terrible y despiadado. “A usted, le dijo un día a uno de ellos en una asamblea, después de haberlo desenmascarado públicamente, sólo le queda retirarse de esta sala, de rodillas, avergonzado y pidiendo disculpas por toda una vida de engaño e hipocresía”. Se trataba nada menos que de un senador que, haciendo alardes de indignación, se retiró sin embargo, humilde, resignado y precipitadamente. Admiraba a los luchadores de todos los tiempos. Con qué entusiasmo leía cuanto había sido escrito por ellos y sobre ellos. Conocía detalles de sus vidas y sus pensamientos ignorados aun por sus connacionales y especialistas.

LA MUERTE DEL CHE

Cuando murió el Che sufrió intensamente, se puso enfermo. Pero, con esa voluntad que lo distinguía y caracterizaba se recuperó de inmediato y organizó actos en homenaje a tan sobresaliente luchador. Recordó en ellos su vida ejemplar de revolucionario, lo que había significado para la liberación de Cuba, cuánto habían influido sus pensamientos y doctrinas en la formación de él mismo, de Miguel y del grupo de muchachos que habían creado el MIR. “Su muerte, dijo, priva a la liberación americana y a los oprimidos del mundo entero, de las armas más eficaces y poderosas: la preclara inteligencia, la voluntad indomable del Che. Pero, agregó, aún después de muerto, el seguirá luchando con nosotros. Su ejemplo guiará nuestras acciones revolucionarias. Su muerte misma, luchando, nos ha señalado un rumbo, dado un ejemplo, que ninguno de nosotros podrá olvidar cuando llegue el momento”. Lo escuchaban silenciosos y emocionados Bautista van Schouwen, a quien también he querido como un hijo, Sergio Pérez, José Bordaz, Fernando Krauss, Alejandro de la Barra, Juan Carlos Perelmann y muchos otros. Todos ellos, y él mismo, habían de vivir, años después, los momentos que esa tarde Miguel vaticinaba, y todos supieron cumplir sin vacilación alguna con la norma que voluntaria y racionalmente se habían impuesto. Racionalmente he dicho, y sé por qué lo digo. Un día, no hace mucho, revisando y ordenando los papeles de Miguel, encontré una hoja en sus apuntes. Tenía fecha 1º de enero de 1962. Está escrita de su puño y letra y firmada por él. “Juro, decía en ella, que viviré sin temor ni pusilanimidad, siguiendo sólo los dictados de mi conciencia, sin temor al ridículo, al qué dirán o a la opinión ajena. Si no fuera constitucionalmente valiente, me haré valeroso por la vía racional”. Tenía 17 años cuando escribió esto. Quienes lo conocieron saben que siempre vivió de acuerdo a ese pensamiento, haciéndose valeroso por la vía racional, no dejando nada entregado a la casualidad o a los instintos. Así se explica que, amando la vida tan intensamente, estuviera exponiéndola cada vez que su razón le indicaba que era necesario. Personalmente cumplía las acciones más riesgosas, pese a las protestas de sus compañeros.
Amaba a sus dos hijos con ternura conmovedora. La mayor, Javiera, de cinco años, que ahora vive con nosotros en Inglaterra, y sabe de su muerte heroica siempre está recordándolo. “Toda las noches, me dijo un día, sueño con papá Miguel”. “¿Cómo?, le pregunté extrañado. ¿Sueñas con él cada vez que te duermes?”. “No, abuelo, me explicó, es que todavía no me he dormido cuando recuerdo las veces que estábamos juntos y el jugaba conmigo. Se tendía a mi lado en el suelo o en mi cama, me explicaba todo, me leía, me abrazaba, así, abuelo...”. Y mientras hablaba ella me apretaba tiernamente con sus bracitos. En la última carta que de Miguel recibimos, nos hablaba de su compañera Carmencita, y de su felicidad porque ella esperaba un hijo suyo. Amando tanto la vida, quedándole tanto por hacer, seguro como estaba del triunfo final... “Vamos a derrotar a esos carniceros. No te quede duda alguna de ello, padre”, me decía en esa su última carta. Sin embargo, a pesar de todo eso, prefirió continuar y organizar la lucha desde el interior de Chile. Sabía, naturalmente, que en esa forma estaba arriesgándose temerariamente. Se lo dijeron sus compañeros y amigos del exterior. No quiso irse. Se negó.

SU CAIDA EN COMBATE

Murió combatiendo, luchando por sus ideales y la causa de los oprimidos y postergados la tarde trágico y gloriosa a la vez del 5 de octubre de 1974.
Luchó dos horas, la mayor parte de ellas completamente solo, contra cientos de soldados, numerosos carros blindados y helicópteros. Herido por las bombas y las balas siguió combatiendo. Su compañera yacía en el suelo, también gravemente herida. Le hablaba, trataba de reconfortarla, pero seguía disparando, resistiendo.
24 horas después, por gestiones personales de un obispo católico, a quien no he tenido el honor de conocer para agradecerle el gesto generoso, nos entregaron su cuerpo desnudo y destrozado. (No sé todavía si sus asesinos se jugaron sus ropas ensangrentadas a la suerte, o se las disputaron como trofeos de guerra). Tenía diez heridas a bala. Una de ellas, la última, le entró por el ojo izquierdo y le destruyó el cráneo.
Al verlo, con el resto de su cara serena, sonriente casi, y con un dejo burlesco en la expresión, dije a mi mujer, su madre: “Quienes le dispararon sabían que aunque desfiguraran su hermoso rostro y destruyeran su cerebro privilegiado no lograrían jamás borrar la imagen de él que se ha formado el pueblo, ni sepultar sus generosos y sabios pensamientos inspirados por sus elevados y dignificadores ideales”.
Con él no moriría su causa, ni su doctrina liberadora, ni el movimiento arrollador, visionario, incontenible, que él, junto a un grupo de jóvenes chilenos, había creado y que ya ha traspasado las fronteras de Chile. Lo prueban los cientos, los miles de mártires que, antes y después de él, han caído luchando contra la opresión la injusticia, la tiranía, la barbarie.
El 7 de octubre de 1974, a las 07:30 horas de la mañana fuimos a sepultarlo. Sólo autorizaron a ocho miembros de nuestra familia para que nos acompañaran hasta el cementerio. Había, en cambio, policía armada y carros blindados en todas las bocacalles y lugares estratégicos del recorrido. Nos rodeaban más de cien carabineros armados con ametralladoras, numerosos agentes de Investigaciones (que expulsé violentamente de mi casa cuando pretendieron entrar a ella en los momentos anteriores a la partida), y varios oficiales del ejército, vestidos de civil. Muchas ametralladoras nos apuntaban. El coronel y los oficiales de carabineros que dirigían el “operativo”, no se atrevían a dar la cara.
“Miguel Enríquez Espinosa, hijo mío, dijo su madre con voz entera en el momento en que depositaba el único ramo de flores permitido, hijo mío, tu no has muerto. Tú sigues vivo y seguirás viviendo para esperanza y felicidad de todos los pobres y oprimidos del mundo”.
Confusión, inquietud en las filas policiales, sorpresa en los rostros; temor en los plexos vegetativos abdominales; contracciones espasmódicas en las víceras. Miraron al coronel, éste bajó la vista (no digo avergonzado, porque sería suponer un mínimo de conciencia).
Y su madre tenía razón. Ella había interpretado el pensamiento de millones de chilenos. Miguel sigue viviendo en el corazón y en la mente del pueblo, de los estudiantes, de los profesionales, de los artistas, de los intelectuales, de todos aquellos, en fin, que quieren un mundo mejor y más justo para todos, y no sólo y exclusivamente para un grupo de privilegiados

Dr. Edgardo Enríquez Froedden (*)

(*) Parte del discurso que el padre de Miguel Enríquez, Dr. Edgardo Enríquez, ex rector de la Universidad de Concepción y ex ministro de Educación del presidente Salvador Allende, pronunció en el acto de inauguración del Hospital Clínico “Miguel Enríquez”, en La Habana. 1975.

martes, septiembre 22, 2009

Entrevista a Ricardo Baeza

Ricardo Baeza hablando sobre el número áureo

Click en la imagen o aquí para ver la entrevista.

Esta es una entrevista del Programa Una Belleza Nueva de Cristián Warnken a Ricardo Baeza, Matemático Premio Nacional de Ciencias Exactas en Chile del 2009. Pero ¿por qué hinchar nuevamente con matemáticas? ¿se trata finalmente de idolatrar aunque diga lo contrario? No. Si publico la entrevista, es porque me parece casi una necesidad. Entre tanto artículo acerca de religión, filosofía, pseudociencia, publicar sobre ciencia se vuelve casi un deber. Y además, porque la divulgación científica NUNCA SE HACE. Entre quienes hoy son científicos, casi ninguno es también divulgador científico.

No intento presentarme como un científico, ni mucho menos compararme en capacidades. Pero entre quienes sí hoy lo son, muchos no divulgan con la excusa de que explicar los avances es MUY complicado. Siendo justos, razón tienen cuando de tratar de explicar detalles técnicos se trata. Pero decir que explicar los alcances de esos avances, de sus consecuencias en la sociedad, de la idea básica, de que todo eso sea imposible porque es complicado, entonces MIENTEN. De quienes hacen creerle a la sociedad que es limitada e incapaz de entender ciertas abstracciones hay que tener cuidado. Por cierto que hablar o escribir con claridad y simplicidad resulta complicado, pero de NINGUNA FORMA es imposible. Es de hecho necesario.

"Después de todo, cuando estás enamorado, quieres contarlo a todo el mundo. Por eso, la idea de que los científicos no hablen al público de la ciencia me parece aberrante." Carl Sagan.


Cristián Warnken: Uno de los elementos que el mismo Einstein señaló que más sorprende de la matemática, es como, algo creado por el hombre a partir de una abstracción, conecte tan potentemente con la realidad, sea quizás uno de los lenguajes que mas toca la realidad. A mí lo que me sorprende desde afuera mirando las matemáticas y a la gente de la poesía y la literatura solamente le da una envidia parida, como hay un lenguaje, la poesía tal vez en algunos momentos conecta, no siempre, pero la matemática tiene esa capacidad, siendo algo mental, algo que vive en el mundo de las ideas, digamos, de la abstracción, toque tan fuertemente, este tan conectada y funcione tan bien con la realidad, ¿porque como se da eso?

Es un misterio que yo creo ningún matemático lo entiende bien, a lo mejor las matemáticas es parte de creación del ser humano, o, hay mucha discusión al respecto porque hay las ideas intuicionistas o las ideas platónicas sobre lo que es matemáticas. [...] Para un platónico las matemáticas, el proceso de las matemáticas, es algo descubridor, tu vas descubriendo hechos, tu creas tu base matemática y de hecho están todas las verdades automáticamente ahí y tu lo que haces es descubrirlas; para un intuicionista es al revés, tu las matemáticas la vas construyendo, tu las vas creando, entonces hay una discrepancia grave entre las dos, aunque no son incompatibles en mi manera de pensar, yo creo que ambas cosas funcionan bien. Entonces, si tu mezclas ambas cosas te das cuenta que el ser humano, si vemos la parte creativa de las matemáticas, no la parte de descubrir también, por ejemplo tu puedes haber descubierto un sistema de axiomas, no es cierto, y tratas de encontrar todos los resultados que se basan en esos axiomas, podrían no tener nada que ver con la realidad, podría ser un axioma fuera de serie, pero si tu creas además, yo creo que los axiomas que nosotros hemos siempre puesto están también de cierta manera fundamentados por nuestras percepciones de la vida real, eso no lo podemos quitar, entonces tu vas creando cosas que están relacionadas con el mundo diario, contar por ejemplo, yo veo hay un montón de cosas discretas, lo que yo veo mi percepción, entonces me incita a distinguir, aquí hay más cosas que en otra, entonces empieza a aparecer la noción de número, etcétera.

[...]
Cristián Warnken: Cuando yo te escucho hablar y te veo, tan apasionado, te brillan los ojos, las manos, el cuerpo, todo, como le sucede a un artista cuando está pintando su cuadro, o un poeta cuando está escribiendo un poema, creo que hay un placer, un placer místico.[...] ¿Es verdad que las matemáticas producen a ti ese placer físico?

Placer físico también, si, definitivamente, no solamente intelectual, tú tienes un placer casi casi sexual, si tu quieres. [...] La gente dice "yo era malo para las matemáticas, me cargaban las matemáticas cuando estaba en el colegio". Yo creo que ese analfabetismo matemático es una causa de nuestra educación, de nuestro proceso educativo. Las matemáticas para poderlas gozar tú no necesitas tener nada especial, no ser una mente brillante, no tener las habilidades especiales para ser después un matemático que se va a dedicar a la investigación, pero para poder gozar las matemáticas no necesitas tener todo eso, puede ser una persona corriente, yo creo que todos los alumnos de todos los colegios podrían gozar de las matemáticas si se las enseñaran bien, si los profesores que enseñan las matemáticas entendieran, si los libros que tuvieran fueran los adecuados. [...]

Cristián Warnken: ¿Toda la realidad es matematizable? ¿Todo podría ser reducido a matemáticas?

No sé, no me atrevo a decir eso, yo creo que sería muy prepotente, además que significa toda la realidad, nosotros no conocemos toda la realidad, tal como tu decías tenemos la materia negra que tenemos en el universo no la conocemos, no sabemos cuál es esa realidad, así que como podríamos, pero sabemos que existe, se tiene efectos de aquella materia negra, oscura, entonces tendríamos que conocerla, yo no me atrevo a decir que sea matematizable, pero si hay aproximaciones. [...]

Cristián Warnken: Una belleza Nueva, es un desafío que planteó el poeta Edgar Allan Poe, cuatro condiciones para la felicidad, vida al aire libre, el amor de una mujer, el desapego de toda ambición y creación de una belleza nueva. Me interesa el tema del misterio de la belleza, a ver, ¿es verdad que detrás de la belleza hay un número irracional?

[...] Hay un número que siempre se ha asociado con la belleza, que es la sección aurea. (...) Un rostro bello, el porte tuyo, ya, tú no eres muy proporcionado, yo te voy a decir, no eres un ejemplo, pero se supone que el largo del cuerpo, comparado con la distancia del ombligo al suelo están en correspondencia, están en esta razón, ya. Pero a su vez se da el caso que este número es el más irracional de todos los números irracionales y ahí está la belleza, porque si tú lo piensas bien la belleza tiene que tener algo de irracional, si tú vas a hacer lago perfecto es una lata, ¿cierto? es feo, una cara perfecta así, simétrica, no es bonita, ¿cierto?, así que tiene que haber irracionalidad. Pero esta irracionalidad tiene algo importante, si tú ves por ejemplo como se van formando las hojas a lo largo de un tallo, a todas las hojas les tiene que llegar cierta luz, ¿cierto?, si fuera racional, en cierta manera, irían formándose las hojas una encima de la otra, y a las de arriba les llegaría luz pero no a las de más abajo, mientras que si se van formando lo más irracional posible pero con cierta formación, les va a llegar el máximo de luz posible a todas, y ese número es el que rige.

Extracto de la entrevista de Cristián Warnken a Ricardo Baeza en Una Belleza Nueva.